
01Las manos que explican
Pon las manos delante del pecho, con las palmas enfrentadas. Acércalas y sepáralas con movimientos pequeños, como si aclararas una cuestión muy seria.
Tu ejercicio de interpretación
Primero, deja que tus gestos hablen. Después, añade la voz. Aquí tienes los cinco personajes para elegir y ensayar.
Mariano RajoyGafas, cejas y explicaciones que se enredan02
José María AznarQuietud, bigote y autoridad seca03
José Luis Rodríguez ZapateroCejas expresivas y calma dialogante04
Pablo IglesiasColeta, mirada intensa y tono de profesor05
Yolanda DíazCercanía, manos abiertas y firmezaNo has sido elegido en unas elecciones imaginarias. Estás enfadado y quieres investigar el pasado público de tu rival para hundir su credibilidad. El rival no tiene nombre: la situación y los monólogos son ficción teatral.
Cómo usar este cuaderno. Escoge un personaje. Prueba tres gestos, ensaya los cinco pasos en silencio y lee el discurso con las mismas manos, mirada y postura. Cronométrate: el ritmo y las pausas determinan la duración.
Personaje 1 de 5
Referencia de su etapa como candidato y presidente
Volver al índice ↑Un hombre de unos 60 años, casado y de posición acomodada, acostumbrado a un despacho y a que lo escuchen. Es una ficha escénica orientativa, no una descripción de su vida actual.
Combina tres pistas. Las fotos muestran referencias reales; las acciones son propuestas para tu interpretación. Puedes tocar una foto para ampliarla.

Pon las manos delante del pecho, con las palmas enfrentadas. Acércalas y sepáralas con movimientos pequeños, como si aclararas una cuestión muy seria.

Levanta una mano con los dedos curvados y algo separados. Haz una pausa y gírala ligeramente, como si añadieras una precisión a tu explicación.

Ajusta unas gafas reales o imaginarias. Junta las puntas de los dedos cerca de la boca, sin taparte toda la cara, y mira al frente durante dos segundos.

Aplaude dos veces a la altura del pecho, con una sonrisa pequeña. Detente y mira al público con seriedad. Es una pista de actitud, no un gesto exclusivo suyo.

Levanta las cejas y ladea un poco la cabeza. Después abre las palmas, como si no entendieras por qué han elegido al rival. Esta reacción se añade para el ejercicio.
Haz una acción cada vez. Deja que el público la vea antes de pasar a la siguiente.
Da tres pasos cortos. Colócate detrás de un atril imaginario.
Ajusta unas gafas reales o imaginarias. Levanta la mirada hacia el público.
Acerca las manos delante del pecho. Sepáralas y vuelve a juntarlas, como si aclararas algo.
Mira una hoja imaginaria. Sube las cejas, aprieta los labios y deja una pausa.
Ladea la cabeza, abre las palmas y encoge un poco los hombros. Termina mirando una carpeta.
Para recordarla Entra → mira → explica → recibe el resultado → abre la investigación.
Monólogo ficticio. Las indicaciones en cursiva se actúan y no se leen. Mantén los gestos de la primera parte.
Mira una hoja. Levanta las cejas.
Bueno… vamos a ver. Yo he perdido las elecciones. Eso es lo que pone aquí. Y si lo pone aquí, será por algo. Pero una cosa es perder las elecciones y otra cosa es que a uno le guste perderlas. A mí, francamente, no me gusta. Creo que se entiende perfectamente.
Abre las manos.
He hecho una campaña seria. He explicado las cosas. Algunas las he explicado dos veces, porque la primera explicación requería una segunda explicación. Y, aun así, han elegido al otro. Hombre, comprenderán ustedes que esté molesto. Soy una persona, y las personas tenemos nuestros disgustos.
Mi rival dice que representa la renovación. Muy bien. La renovación habrá que comprobarla. Porque si uno lleva veinte años diciendo que acaba de llegar, llega un momento en que ya ha llegado bastante. Yo voy a mirar lo que decía antes. Sus entrevistas, sus propuestas, sus discursos. Los papeles, en definitiva.
Ordena la carpeta con parsimonia.
No voy a inventarme nada. No hace falta. Si el martes dijo una cosa y el miércoles dijo la contraria, pondremos el martes junto al miércoles. Y que explique él cómo se pasa de uno a otro sin moverse del sitio. Eso es sentido común. Y el sentido común, cuando se utiliza, suele tener bastante sentido.
Aquí tengo una declaración suya: prometía no presentarse nunca. Pues se ha presentado. Y ha ganado. Dos disgustos en una misma carpeta. «Fin de la cita».
Pausa. Mira al público por encima de las gafas.
Me dicen que acepte el resultado. Lo acepto. Pero aceptar el resultado no me obliga a aplaudir al ganador. Voy a estudiar su pasado con tranquilidad, con detalle y con un bolígrafo que funcione. Cuando encontremos sus contradicciones, tendrá que dar explicaciones. Yo hoy no tengo el cargo. Pero tengo tiempo. Y eso, para revisar papeles, ayuda mucho.
«Fin de la cita» es una pista documentada. «Sentido común» es una fórmula recurrente de su discurso. Los enredos del monólogo son inventados.
Personaje 2 de 5
Referencia de su imagen pública con bigote
Volver al índice ↑Un hombre de unos 45–50 años, casado y de posición acomodada. En escena cree que mandar exige disciplina y siente la derrota como una afrenta. Ficha teatral situada en una época reconocible.
Combina tres pistas. Las fotos muestran referencias reales; las acciones son propuestas para tu interpretación. Puedes tocar una foto para ampliarla.

Mantén la espalda recta y la barbilla un poco elevada. Extiende el índice hacia un rival imaginario, detén el gesto y baja la mano con decisión.

Levanta una mano en vertical, con la palma hacia fuera. Mira al rival y sostén la posición, como si le pidieras que se detuviera antes de responder.

Lleva ambas manos delante del pecho, con las palmas hacia abajo y los dedos ligeramente curvados. Bájalas unos centímetros al cerrar una idea.

Coloca las palmas enfrentadas delante de ti. Mantenlas firmes, como si estuvieras delimitando exactamente lo que quieres decir.

Aprieta ligeramente los labios y fija la mirada, dejando el cuerpo quieto. Un bigote de utilería ayuda a evocar su imagen histórica. Al hablar, usa frases cortas y firmes.
Haz una acción cada vez. Deja que el público la vea antes de pasar a la siguiente.
Entra con la espalda recta. Detente y eleva ligeramente la barbilla.
Mira al rival imaginario. Mantén los labios apretados y el cuerpo quieto.
Señala una vez con el índice. Baja la mano con un movimiento seco.
Mira el resultado en una hoja. Tensa la mandíbula y deposita el papel despacio.
Abre una carpeta imaginaria, señala un párrafo y vuelve a mirar al rival.
Para recordarla Entra → mira → explica → recibe el resultado → abre la investigación.
Monólogo ficticio. Las indicaciones en cursiva se actúan y no se leen. Mantén los gestos de la primera parte.
Espalda recta. Silencio antes de empezar.
Señoras y señores. El resultado electoral es conocido. No he sido elegido. No voy a fingir satisfacción. Estoy enfadado. He presentado un proyecto serio y los ciudadanos han preferido otro. Respetaré su decisión. Pero nadie me pedirá que renuncie a mis convicciones para hacer más cómoda la celebración de mi adversario.
Movimiento seco de la mano.
Mi rival ha ganado unas elecciones. No ha obtenido un permiso para olvidar todo lo que ha dicho. Y ha dicho muchas cosas. Demasiadas. Ha prometido reducir gastos después de pedir que aumentaran. Ha defendido acuerdos que antes rechazaba. Ahora se presenta como si acabara de descubrir la responsabilidad.
Pues bien. Vamos a comprobar su trayectoria. Con documentos. Con fechas. Con sus propias palabras. No necesito rumores. Necesito una mesa, una carpeta y alguien capaz de ordenar lo que él preferiría dejar desordenado.
Pausa. Mira hacia un lado.
«Estamos trabajando en ello». Y vamos a seguir trabajando. El país merece conocer quién ha pedido su confianza. Merece saber qué compromisos mantiene y cuáles abandona cuando aparece una oportunidad de llegar al poder. La victoria electoral no borra la hemeroteca.
Yo dije «España va bien». Hoy puedo asegurarles que mi ánimo no va especialmente bien. Pero mi memoria funciona. Y mi determinación también. Voy a revisar cada promesa que hizo cuando pensaba que nadie volvería a escucharla. Después le pediré explicaciones, una por una, delante de quienes lo han votado.
Se inclina apenas hacia el rival imaginario.
Hubo una frase que repetí en otro tiempo: «Váyase, señor González». Hoy mi adversario es otro. No voy a cambiarle el nombre para repetir la historia. Primero tendrá que responder. Si sus propias palabras demuestran que no merece la confianza que reclama, le pediré que se vaya.
La derrota de hoy me ha quitado un cargo. No me ha quitado la capacidad de hacer preguntas. Y tengo unas cuantas.
Las tres citas son expresiones conocidas de Aznar. «Váyase, señor González» conserva su destinatario histórico; el rival de la escena sigue siendo ficticio.
Personaje 3 de 5
Referencia de sus discursos y su expresividad facial
Volver al índice ↑Un hombre de unos 45–50 años, casado y de posición acomodada. En escena quiere parecer dialogante aunque la derrota le ha herido el orgullo. Ficha teatral orientativa.
Combina tres pistas. Las fotos muestran referencias reales; las acciones son propuestas para tu interpretación. Puedes tocar una foto para ampliarla.

Eleva las cejas de forma visible. Abre la mirada y observa al público con una expresión atenta. Combina esta pista con una sonrisa pequeña y las manos abiertas.

Pon ambas manos abiertas delante del pecho, con las palmas enfrentadas. Sepáralas despacio, como si desarrollaras una idea que quieres que todos entiendan.

Levanta una palma en vertical cerca de la cara y deja la otra más abajo. Haz una pausa, escucha al rival imaginario y asiente una sola vez antes de continuar.

Eleva una mano abierta en diagonal delante de ti. Mantén los dedos separados y baja la mano lentamente después de remarcar tu idea.

Empieza con una sonrisa tenue. Tras leer la mala noticia, déjala desaparecer y mantén el tono corporal tranquilo. La transición es una propuesta escénica, no un movimiento mostrado por la foto.
Haz una acción cada vez. Deja que el público la vea antes de pasar a la siguiente.
Entra con una sonrisa pequeña. Eleva las cejas y mira al público.
Inclina la cabeza. Asiente una vez, como si escuchases una explicación.
Pon las palmas enfrentadas delante del pecho. Sepáralas lentamente.
Lee el resultado en una hoja. Mantén la sonrisa un instante y después déjala desaparecer.
Mira dos hojas imaginarias. Señala una, sube las cejas y recupera una sonrisa tenue.
Para recordarla Entra → mira → explica → recibe el resultado → abre la investigación.
Monólogo ficticio. Las indicaciones en cursiva se actúan y no se leen. Mantén los gestos de la primera parte.
Sonríe brevemente. Eleva las cejas.
Amigas y amigos. Hoy no hemos recibido el apoyo que esperábamos. No he sido elegido. La democracia permite estas cosas. Y hay que aceptarlas, incluso cuando uno había preparado ya el discurso de la victoria y descubre que tendrá que guardarlo en un cajón.
Pausa. La sonrisa desaparece.
Estoy enfadado. Quiero decirlo con claridad. He escuchado a mi adversario hablar de diálogo durante toda la campaña, pero cada vez que le pedía conversar encontraba una razón para marcharse. Es una forma de diálogo que requiere muy pocos interlocutores. Exactamente uno: él.
Yo sigo creyendo en el talante. En escuchar. En respetar a quien piensa de otra manera. Pero el respeto no nos obliga a perder la memoria. Mi rival tiene un pasado político. Tiene propuestas, entrevistas y compromisos. Vamos a leerlos. Despacio. Con la misma atención con la que él espera que escuchemos sus promesas de ahora.
Acerca las manos y después sepáralas.
Si defendía una cosa y hoy defiende otra, tendrá la oportunidad de explicar por qué. Puede haber cambiado de opinión. Todos podemos hacerlo. Lo que no puede hacer es asegurar que nunca dijo lo que dejó escrito. La memoria pública también forma parte de la democracia.
A quienes habéis confiado en mí os digo: «No os fallaré». Hoy eso significa continuar trabajando, aunque sea desde un lugar que no habíamos elegido. Revisaré la trayectoria de mi rival y mostraré sus contradicciones. Quiero que sus certezas se tambaleen cuando tenga que responder por ellas.
Pausa larga. Recupera una sonrisa tenue.
Me gustaría asegurar que hago esto sin ninguna satisfacción personal. Pero estamos entre amigos, y hoy prefiero ser sincero. Si encontramos una promesa olvidada, voy a recordársela con mucho gusto. Con educación. Con calma. Y tantas veces como sea necesario.
Esta noche guardaré el discurso de la victoria. Mañana abriré su carpeta. «Buenas noches y buena suerte».
«No os fallaré» y «Buenas noches y buena suerte» son citas documentadas. «Talante» es una palabra asociada a su imagen política; el resto es ficción.
Personaje 4 de 5
Referencia de su etapa de Podemos con coleta
Volver al índice ↑Un hombre de unos 35–40 años, con pareja y formación universitaria. En escena se presenta como alguien cercano a la gente común y vive la derrota con indignación. Ficha ficticia para interpretar, no clasificación de su patrimonio.
Combina tres pistas. Las fotos muestran referencias reales; las acciones son propuestas para tu interpretación. Puedes tocar una foto para ampliarla.

Abre los brazos con las palmas hacia arriba. Mira de frente al rival, como si le pidieras que justificara algo que acaba de decir.

Inclina un poco el cuerpo hacia delante, frunce el ceño y eleva el índice junto a la cabeza. Detén el gesto para que el público vea la acusación.

Levanta las dos manos abiertas a ambos lados de la cara. Después llévalas delante del pecho, como si pasaras de una afirmación fuerte a una explicación detallada.

Si puedes, usa una coleta de utilería y una camisa sencilla. Aplaude brevemente y gira un poco la cabeza para que se vea la silueta. La coleta es más identificativa que el aplauso.

Mira al rival imaginario con el ceño ligeramente fruncido y los hombros orientados hacia él. Al hablar, explica primero con claridad y aumenta después la intensidad.
Haz una acción cada vez. Deja que el público la vea antes de pasar a la siguiente.
Entra con una camisa sencilla y coleta si puedes. Colócate con el cuerpo ligeramente hacia delante.
Frunce un poco el ceño y fija la mirada en el rival imaginario.
Levanta el índice. Después abre la mano, con la palma hacia arriba.
Mira una hoja. Aprieta los labios y niega una vez con la cabeza.
Saca una hoja de una carpeta imaginaria y ofrécela al público. Termina mirando al rival.
Para recordarla Entra → mira → explica → recibe el resultado → abre la investigación.
Monólogo ficticio. Las indicaciones en cursiva se actúan y no se leen. Mantén los gestos de la primera parte.
Se inclina hacia delante. Mira al público.
Compañeras y compañeros. Hemos perdido. No he sido elegido y no voy a convertir esta noche en una celebración imaginaria. Estoy enfadado. Mucho. Porque detrás de cada voto había gente que esperaba un cambio, y hoy esa gente se va a casa preguntándose qué ha ocurrido.
Levanta el índice.
Mi rival ha ganado y ya nos pide que pasemos página. Qué casualidad. Siempre quieren pasar página cuando la página anterior contiene algo que les incomoda. Pues vamos a leerla. Y también las anteriores. Vamos a mirar qué prometía, a quién se dirigía y qué decisiones defendía cuando todavía no tenía este puesto.
Esto no se resuelve con una foto amable ni con una frase preparada por un asesor. Se resuelve contestando preguntas. Si hace unos años defendía que los trabajadores debían aceptar menos derechos y ahora asegura que siempre estuvo de su lado, tendrá que explicar ese recorrido. Con sus palabras delante. Sin atajos.
Abre la mano como si mostrara una prueba.
Nos dijeron que no se podía cuestionar a los de arriba. Que había que esperar. Que las cosas eran demasiado complicadas. Y aprendimos a decir «Sí se puede». Ese lema no deja de servir porque esta noche tengamos menos votos de los que queríamos. También se puede investigar una trayectoria pública. También se puede exigir coherencia.
Quiero encontrar las contradicciones de mi adversario y ponerlas a la vista. Quiero que deje de presentarse como alguien sin pasado. Y sí, quiero que su imagen de candidato impecable se venga abajo cuando tenga que responder por lo que dijo. No voy a fingir que eso me resulta indiferente.
Pausa. Aumenta la intensidad sin gritar.
Dije que «el cielo no se toma por consenso, se toma por asalto». Esta noche no hemos llegado al cielo. Estamos aquí, con una derrota y una carpeta por abrir. Mañana empezaremos por la primera hoja. Y cada pregunta que encontremos tendrá que responderla.
«Sí se puede» es un lema colectivo de Podemos, no una frase exclusiva de Iglesias. La cita sobre el cielo fue pronunciada por él en Vistalegre en 2014.
Personaje 5 de 5
Referencia de sus intervenciones públicas vinculadas a Sumar
Volver al índice ↑Una mujer de unos 50–55 años, con formación jurídica y origen familiar vinculado al sindicalismo. Para esta ficción, puedes elegir que tenga pareja. Se presenta como cercana y vive la derrota como un rechazo a su trabajo. Estado civil y posición social son decisiones del personaje escénico.
Combina tres pistas. Las fotos muestran referencias reales; las acciones son propuestas para tu interpretación. Puedes tocar una foto para ampliarla.

Extiende una mano delante de ti y orienta la mirada a una persona imaginaria. Inclina un poco la cabeza, como si quisieras hablarle de cerca.

Levanta una palma junto a la cabeza y deja la otra un poco más abajo. Después reúne ambas delante del pecho para continuar una explicación pausada.

Extiende una mano con los dedos separados y sostén la mirada. Retira la sonrisa al hacer el reproche, conservando una postura abierta.

Sonríe de manera contenida y aplaude brevemente delante del rostro. Después baja las manos y mira a una persona del público, como si agradecieras su apoyo.

Mantén la cabeza ligeramente inclinada y la mirada dirigida a alguien concreto. Tras recibir el resultado, deja de sonreír y permanece quieta. En el discurso, aumenta la firmeza antes que el volumen.
Haz una acción cada vez. Deja que el público la vea antes de pasar a la siguiente.
Entra con una sonrisa. Saluda con una mano abierta e inclina ligeramente la cabeza.
Inclina el tronco apenas hacia delante. Mira a una persona imaginaria y asiente una vez.
Abre las manos a la altura del pecho y acércalas suavemente hacia el público.
Mira el resultado. Respira, retira la sonrisa y sostén la mirada.
Extiende una mano abierta. Compara dos hojas imaginarias y muéstralas con firmeza.
Para recordarla Entra → mira → explica → recibe el resultado → abre la investigación.
Monólogo ficticio. Las indicaciones en cursiva se actúan y no se leen. Mantén los gestos de la primera parte.
Sonríe al público. Inclina ligeramente la cabeza.
Mirad, quiero hablaros con tranquilidad. No he sido elegida. Me habría gustado recibir vuestra confianza y hoy el resultado es otro. Lo acepto. Pero estoy enfadada. Detrás de esta candidatura había muchas horas de trabajo, muchas conversaciones y personas que habían puesto aquí sus esperanzas.
La sonrisa desaparece. Abre las manos.
Mi rival habla ahora como si hubiera descubierto ayer las dificultades de la gente. Las familias que no llegan a fin de mes. Las trabajadoras que no saben a qué hora podrán volver a casa. Los jóvenes que no pueden pagar un alquiler. Todo eso existía antes de que él decidiera utilizarlo en una campaña.
Y yo quiero saber qué decía entonces. Vamos a revisar su trayectoria. Sus entrevistas, sus propuestas y las decisiones que defendía. Con calma. Cuando asegura que siempre estuvo al lado de los trabajadores, quiero comprobar qué entendía por estar a su lado. Porque acercarse a hacerse una fotografía no equivale a defender sus derechos.
Acerca el pulgar y el índice. Pausa.
Hablo de «la política útil». De mejorar las condiciones de vida. De salarios, de tiempo, de poder cuidar a quienes queremos. No hemos trabajado tanto para aceptar sin preguntas que alguien se apropie de ese esfuerzo y borre lo que defendía hace apenas unos años.
«La gente quiere que caminemos juntas». Lo creo. Y caminar juntas también significa ayudarnos a recordar. Voy a abrir esa carpeta y comparar lo que mi rival prometía antes con lo que promete ahora. Si hay contradicciones, las pondremos delante de él. Quiero que se le acabe la comodidad de contar solo la parte de su historia que le conviene.
Mira al rival imaginario con firmeza.
No hace falta levantar la voz para hacer una pregunta difícil. Hace falta sostenerla y esperar la respuesta. Hoy estoy dolida. Mañana seguiré trabajando. Y cuando encuentre la primera promesa que haya olvidado, se la recordaré despacio, para que la escuche bien.
«La política útil» es una expresión recurrente, no exclusiva de Díaz. «La gente quiere que caminemos juntas» está documentada en una intervención de 2025. Su reconocimiento depende más de voz, actitud y vocabulario que de una coletilla única.